Un mapa de todos los miedos
Mapa en forma de trébol. Heinrich Buenting, 1581.No podemos saberlo con exactitud, pero parece ser que el primer mapa del mundo conocido, dibujado por Anaximandro, representaba la tierra dividida en tres partes: Europa, Libia y Asia. El río Nilo separaba Libia y Asia y el río Phasis, desembocando en el mar Negro, separaba Asia de Europa. Entre Europa y Libia estaba el mar Mediterráneo cuyas costas se conocían mucho mejor. ¿Y más allá de todo esto? Más allá estaba el Océano, un enorme río que rodeaba al mundo.
Los griegos, grandes navegantes, miraban al Océano como quien mira un abismo, el límite mortal del mundo. Los dioses habían enviado a los seres monstruosos a los extremos de lo conocido. Tiempo después de Anaximandro, Alejandro, en su avance hacia Asia, camino de los confines del mundo, se había enfrentado a la lluvia diluviana del monzón tras luchar contra un rey persa que conducía un ejército de elefantes, había cruzado el enorme río Indo y sus afluentes, y había vadeado el Hidaspes para vencer al rey de Paura. Aquellos confines reales fueron exagerados por las crónicas propagandísticas de la época pero a su manera eran límites reales: allí, el ejército macedonio, cansado de guerrear y añorante del hogar, terminó por amotinarse. Aquella fue la última gran batalla de Alejandro Magno, que murió poco después de aquello.
El mapa del mundo era, por tanto, un mapa de los límites del conocimiento a la vez que un mapa de los miedos de la humanidad. Anaximandro, discípulo de Tales de Mileto, no olvidó al cosmos en la búsqueda conceptual de esos límites: fue el primero en concebir la tierra como un objeto finito que flota en el equilibrio en el universo. Había cielo tanto por encima como por debajo de la Tierra, que debía tener forma cilíndrica. Aún faltaban varios siglos para que Eratóstenes de Cirene observara con una precisión sorprendente la curvatura del planeta, y esta teoría de Anaximandro venía a mejorar la visión de Tales: que la tierra flotaba sobre el agua «como un trozo de madera o algo así». La concepción del mundo, según este mapa, influyó otros esquemas del planeta hasta la edad media.
Vista desde la actualidad, es admirable la intuición de los filósofos presocráticos, o tal vez es simplemente que nosotros apoyamos nuestro conocimiento en lo que antes dijeron ellos. Anaximandro introdujo el uso del gnomon para medir el paso del tiempo e intentó calcular la magnitud de las estrellas y la distancia entre ellas. También sugirió que el ser humano es demasiado débil para haber subsistido como tal en épocas antiguas, que entendía más hostiles, y por esto necesariamente debe provenir de animales parecidos a los peces, que tenían una mayor protección —anticipándose dos milenios y pico a Darwin—.
La Tierra flota en el cosmos como un barco navega por aguas ignotas. El ser humano, el mundo, el cosmos estaban generados, según Anaximandro por el Ápeiron (ἄπειρον), un principio infinito, o al menos ilimitado. Las cosas, generadas por este Ápeiron, se rigen por una suerte de justicia según la cual, toda deuda se paga llegado el momento.
Yo imagino a Anaximandro imaginando esto en una playa jónica, mirando al mar nebuloso como en aquel cuadro de Friedrich. En su mapa el océano de lo impensable no sólo circuncidaba la tierra conocida sino también el cosmos y los tiempos, el origen misterioso de la vida y la temida muerte.
Mapa mundi de la primera versión impresa de las Etymologiae de Isidoro de Sevilla. El libro fue escrito en el año 623 y se imprimió por primera vez en 1472 en Augsburgo por un tal Günther Zainer, convirtiéndose así el boceto de Isidoro en el mapa impreso más antiguo de Occidente. Nota: Los mapas T-O suelen mostrarse con el Este en la parte superior, con Jerusalén en el centro y el Paraíso en el extremo oriental, equilibrado por las Columnas de Hércules en el extremo occidental.G.G.Q.
Madrid, 2 de noviembre de 2025






